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Tenemos un largo historial de empresas que empiezan con muy poco, además de uno o dos emprendedores: el caso de Apple (1300$ y un garaje) o como el caso de Yahoo, creado Yang y Filo en 1993 y que como activo de la empresa tenían un viejo y sucio remolque y dos ordenadores personales. Creo que no es mucho.

Todo comenzó a finales de 1993 cuando Yang y Filo, se aburría en Stanford. Como otros muchos emprendedores y dedicaban su tiempo a navegador por la primitiva Red Internet), y decidieron crear un directorio, es decir un listado de direcciones clasificadas por categorías que bautizaron como “David and Jerrys Guide to the World Wide Web” (la Guía de David y Jerry para la red).  Este dato es importnate ya que es la esencia de la diferencia con Google: Google es un buscador (tu introduces una búsqueda y Google te da resultados. Yahoo es un directorio, vas navegando por opciones hasta que encuentras lo que buscas. Es importante ya que antes no existía ningún método de gestión de la navegación y según Internet iba creciendo en usuarios e información en ella, se hacía más patente la necesidad de un sistema para facilitar acceder a esa información.

No tardaron en darse cuenta de que sus listas estaban siendo utilizada por miles de internautas en todo el mundo. Así, conscientes de que para los usuarios era prácticamente imposible enterarse de todo lo que había en el ciberespacio, decidieron crear un software que pudiera organizar las diferentes webs en distintas categorías. Una forma de gestionar los millones y millones de archivos y cosas que ya se encontraba en la red.

En aquellos tiempos, los datos se almacenaban en “Akebono“, el ordenador de Yang, mientras que la herramienta de búsqueda se guardaba en “Konishiki“, el ordenador de Filo (ambas máquinas tenían los nombres de dos afamados luchadores hawaianos de Sumo, una de las grandes aficiones de Yang) y se encontraban en un pequeño remolque que tenían muy cerca de la universidad de Stanford.

En el 94, llegó el cambio de nombre de la lista y se definió por primera vez como Yahoo!, que supuestamente eran las siglas de “Yet Another Hierarchical Officious Oracle” (Otro oficioso Oráculo Jerárquico), aunque ellos afirman que lo pusieron para reírse de ellos mismos, ya que se consideraban a sí mismos Yahoos (persona bruta, ruda y sin refinamiento). Aquí recuerdo que el tema este del branding y naming es muy divertido y está lleno de casos paradójicos como el de Apple (por seguir con el sector) que Steve impuso ya que quería algo sencillo y por aquella época se pasaba muchos días recogiendo manzanas en una comuna hippie. Muy currado y trabajado.

Para principios de 1995, el tráfico de la empresa era tan grande que la infraestructura informática de Stanford ya no era capaz de soportarlo, por lo que la Universidad les invitó a que buscaran otra empresa dispuesta a alojar su servicio. Esta gente se aprovechaba (como casi todos los que empiezan siendo jóvenes algún proyecto) de todo los recursos que hay a su alrededor. Todo vale y esto es un ejemplo para los que queráis emprender en estas fechas.

Es entonces cuando Marc Andreesen, cofundador de Netscape les ofrece la posibilidad de albergar el servicio en sus servidores, con lo que al incluir Netscape a Yahoo! en su directorio de red, el tráfico se incrementa en un 50%. Este es un paso importante que termina por convertir a Yahoo! En lo que todos conocemos.

Por aquel entonces también deciden incorporar a Brady, el tercer empleado de la compañía y entre los tres comenzaron a buscar capital riesgo. Es un dato importante, el proyecto ya estaba funcionando, creciendo y sólo eran tres empleados (dos de ellos los dueños y socios). Yang comenta: “Más que dinero, buscábamos un socio que nos ayudara con los aspectos del negocio que no entendíamos”. Finalmente eligieron a Mike Moritz y su empresa Sequoia Capital que les cede un millón de dólares ¿La razón de que le escogieran a él? “Porque él parecía ser el más humano y compartía nuestros valores. Como nosotros, cuida mucho el dinero y no cree que la tecnología lo resuelva todo. Confía en el elemento humano y en el arte de lo que estábamos haciendo, tanto como en la ciencia”.

De momento, ya tenían un empleado y un millón de dólares ¿Qué más necesitaban? Un jefe. Para ello comenzaron a hacer entrevistas y entre los candidatos se encontraba, Tim Koogle, un ex alumno de Stanford que dirigía una empresa valorada en 400 millones de dólares y que ni siquiera sabe la razón por la que fue a la entrevista, ya que no estaba buscando trabajo. Al final este tipo de cosas surge así, casualidades, azar o destino, llamémoslo como queramos. El que a la postre fuera Presidente de la compañía y uno de los artífices de que la empresa se convirtiera en lo que actualmente es, afirmaba: “Lo que vi fueron dos hombres muy inteligentes, que estaban realmente apasionados con lo que hacían y no lo hacían por el dinero, el ego o la fama. Me pareció que entendían bien qué es lo que no sabían. Además me sorprendió poderosamente el hecho de que a pesar de no haber gastado dinero en promocionarla, la gente la estaba descubriendo, usando y hablándole a sus amigos de ella. Cuando ocurre algo así, es que eso es algo que la gente realmente quiere”.

En fin, lleno de datos interesantes, este es un ejemplo de cómo muchas start-ups arrancan: escasos medios, una idea y unos socios apasionados.