A la hora de diseñar y plantear las acciones de Marketing Cultural, debemos tener claros los diferentes tipos de beneficios que aportarán o que buscan los clientes.

En el Marketing “clásico” podemos detectar 3 tipologías básicas de beneficios que puedes recibir los clientes de un producto o servicio: Beneficios Funcionales, Beneficios Simbólicos y Beneficios Emocionales. Que van desde lo más material a lo más intangible.

En el Marketing para Cultura, en muchos casos, el producto cultural realmente se centra en dos tipos de beneficios: Beneficios Simbólicos y Beneficios Emocionales, ya que quizás está mas alejado de generar un beneficio meramente funcional. Veamos por qué:

Beneficios Funcionales. Son los beneficios que se asocian directamente al uso de un determinado producto o servicio. Son los beneficios más directos y objetivo que genera ese producto/servicio y finalidad inicial de casi todos los productos/servicios.

Por ejemplo, un coche cubre una necesidad funcional que consiste en la capacidad de trasportar a una persona o varias, en unas determinadas condiciones. Ese es el beneficio funcional que obtiene una persona que adquiere un coche.

Beneficios Simbólicos. Como complemento a los beneficios funcionales, un producto o servicio puede generar beneficios simbólicos para con el cliente. Van más allá de lo meramente material y tienden a afectar a algunos valores como status, poder, distinción…

Por ejemplo, la compra de un coche de lujo, además de los beneficios funcionales, puede generan un conjunto de beneficios de status o riqueza adicionales al consumidor.

Beneficios Emocionales. Son quizás los más importantes ya que son las conclusiones que ha sacado el consumidor tras su experiencia. Son los beneficios más intangibles que se pueden obtener de un determinado consumo y son los más subjetivos ya que depende de cada experiencia particular y ésta puede ser diferente en cada caso.

Por ejemplo y siguiendo el ejemplo de coche, tras comprar un vehículo de lujo, el comprador ha tenido una mala experiencia porque, por ejemplo, ha dado muchos problemas mecánicos ese vehículo, esa experiencia generará un posible rechazo en el cliente que hará que los otros beneficios pasen a un segundo plano.

Comprende los beneficios que puede aportar tu producto o servicio cultural y desarrolla o intenta mejorar la experiencia, en concreto a lo que se refiere a la parte emocional. Desarrolla estrategias y acciones para detectar problemas y hacer que la experiencia, en global, sea lo más satisfactoria posible.